
Esta novela fue publicada en 1963, la autora, Marlen Haushofer, falleció en Viena en 1970. No puedo evitar pensar que nos hemos perdido un puñado de buenos libros debido a su muerte prematura. La protagonista del libro (de la que no conoceremos el nombre) se va de vacaciones a visitar a su prima Luise y su marido Hugo a la casa que tienen en el campo en los Alpes. Una mañana se van al pueblo y no vuelven. Inquieta va en su búsqueda pero se encuentra con una pared gigante transparente que le impide avanzar. Las personas y animales que se ven al otro lado parecen congelados, parados en el tiempo para siempre. Todo nos hace pensar en una catastrofe o en el fin del mundo, aunque nunca sabremos qué pasó realmente. A nuestro personaje, separada del mundo por esa pared no le queda otra que volver a la casa. Empezarán dos años de supervivencia en la naturaleza salvaje, racionando sus provisiones y buscando otras. Compartirá su vida con Lince, el perro del antiguo guarda, una gata con mucho carácter y una vaca, Bella, que le dará leche además de compañía. Podría calificar este libro de distopía. Pero prefiero decir que es una oda a la naturaleza (como todo lo que publica @volcano_libros) y a la supervivencia. A cómo somos capables de sobrevivir y hacer cosas que en circunstancias normales de nuestra vida acomodada nunca se nos habría pasado por la cabeza, ni tan siquiera nos hubiéramos creído capaces de llevar a cabo. La protagonista escribirá un diario contando su día a día. Con la esperanza de que alguien lo lea algún día. Reflexionará sobre el tiempo, la condición de la mujer en su vida pasada y cómo ahora se siente más libre, fuerte y sin ataduras. También sobre la soledad y el peso de los recuerdos en los que solo se detendrá de forma rápida para no ser invadida por la melancolía. Sus hijas junto con su vida anterior se quedaron al otro lado de la pared. La dura vida en medio de todo y de nada, el paso de las estaciones, hacer provisiones y trabajar duro para la llegada del invierno, el apego a los animales, sus solos compañeros. He disfrutado mucho de esta «robinsonada feminista» como se ha dicho en El País.
