
Patricia González es escritora, poeta, gestora cultural. nació el 7 de agosto de 1986 en la ciudad de Buenos Aires. Es licenciada en Relaciones públicas y cursó la maestría en Comunicación, cultura y discursos mediáticos. Los domingos a las 9 AM hace una columna de difusión de poesía llamada “La poesía no se ajusta” en el programa El Gato Escaldado, AM 750. Integra la dirección de la comisión joven del Centro PEN Argentina (Poetas, Ensayistas, Narradores).
*
Toda mujer que no sea yo
es una amenaza,
me incluyo.
Pregunto aquí si soy loca
quién me lo sabrá decir
pregunto más , si soy sana
y aún más , si soy yo
Ana Cristina Cesar
Yo también
Cometí un crimen
te vi mirar
hice algo peor
lo señalé
te conté mi dolor
entregué el poder
reclamé que
no intentes
disimular
fui violenta,
te pedí el deseo.
¿Por qué no debería doler lo que duele?
¿De dónde sacaron
que la desesperación se elige?
Qué hacemos con
las horas de charla
con toda la
literatura universal
las canciones
el cine
qué hacemos
con el sufrimiento
los egresados
de esa escuela
si solo debemos
estar bien.
Me va bien porque soy linda
leen lo que escribo porque soy simpática
me invitan a leer porque los caliento
me hacen notas porque trabajo para el poder
me recomiendan porque soy buena persona
me editan porque seguro me los cogí
nunca se les ocurre
que capaz se me cae una idea
nunca se les ocurre
que nunca me cogí al adecuado.
Entre morir o viajar
elegí la opción
más cara.
Vi a Venus radiante
desde una ruta de San Pablo
y volví a sentir los músculos
de la sonrisa
escuché una voz que decía
mi nombre y que
me dejaba dormir
que parecía cansada
una voz que
me invitaba a una fiesta donde
comprobé que aún conversaba con el ritmo
una voz que me invitaba a pasear
y me preparaba un sandwich
una voz que se dio cuenta
que no estaba comiendo
repetía mi nombre y me daba café
una voz que me enseñaba otro idioma
una voz que me felicitaba
por saber
una mano que me llevaba a pasear
y me señalaba
frutas que no conocía
—te ponés contenta tan sólo viendo las frutas
sentí jugos nuevos en la lengua
y mi sabor más crecido
escuché mi nombre muchas veces junto a
palabras sanas
después de mucho tiempo
tuve una mano con libros que me abrían los ojos
y cambiaron el humor de mis lágrimas
—Todavía seguís siendo esa chica
que se emociona al leer un poema
tuve una mano que revolvió mi pelo
esta vez con una caricia
encontré un vuelo a mi ánimo
que pagué en cómodas cuotas.
Decoro mi casa
según la disposición de los clavos,
el esfuerzo máximo para llegar
a alguna meta hogareña
es ponerme en puntas de pie
de hacer fila en la escuela
aprendí a ordenar
las decisiones por altura
y no ir por delante de lo que mido
si tiro lo que no sirve
se agranda el vacío y cómo acomodarlo
no sé por dónde empezar para volver
de este nido un hogar habitable
no es limpiar ni ordenar
este movimiento,
es cambiar el desorden de lugar
hasta que me lo tome en serio,
paso los días decidiendo
llegar a fin de mes o comprar papel higiénico
me hago curaciones
con repasadores
arranco de cero:
tiro la vajilla que no lavé el año anterior
intento hacer cosas para mí,
mi último momento de intimidad
fue colgar la bombacha
en la canilla de la ducha;
paso una franela a la ventana que
mantuve cerrada para que
sigan tibios los golpes
abro el viento para que se vuele
el fanatismo por
las vidas que no tuve los amigos que perdí
los espacios que gané
la plata que tiré
mi experiencia de más
los amores que aún me deben la mirada
mi soledad que de nadie se enamora.
En un cementerio toda lengua es entendida
la muerte es un idioma universal.
Noel Alonso
Otro caso de inseguridad
Pensaba en cosas peores
que me saquen de cosas feas,
pagarle a alguien
que pueda con mi muerte,
si hay que morir,
al menos, que coma una familia.
Los noticieros van a decir:
“Otro caso de inseguridad”
Joven asesinada;
linda, futuro por delante.
El encargado va a contar que era buena,
no molestaba a nadie, que sonreía.
El resto va a decir que
el pibe que sí merece morir
—porque no estudió, porque por suerte no ama—
aún sigue prófugo.

Deja un comentario