Poemas de Héctor Viel Temperley

Héctor Viel Temperley fue un poeta nacido en Buenos Aires, Argentina, en 1933 y fallecido en 198. Considerado como un autor de culto, reivindicado por muchos autores jóvenes, entre sus libros figuran: Poemas con caballos (1956), El Nadador (1967), Humanae vitae mia (1969), Plaza Batallon 40 (1971), Febrero 72 – Febrero 73 (1973), Carta de marear (1976), Legión Extranjera (1978), Crawl (1982) y Hospital Británico (1986). Su obra integra diversas antologías y ha sido traducida a varias lenguas.

*

Hospital Británico

La muchacha regresa con rostro de roedor,

desfigurada por no querer saber lo que es ser

joven.

Llevando otro embarazo sobre las largas piernas,

me pide humildemente fechas para una lápida.


*

“Christus Pantokrator”

La postal viene de marineros, de pugilistas viejos

en ese bar estrecho que parece un submarino—de

maderas y latas—hundiéndose en el sol de la ribera.

La postal viene de un Christus Pantokrator que

cuando bajo las persianas, apago la luz y cierro

los ojos, me pide que filme Su Silencio dentro

de una botella varada en un banco infinito.


*

Mes de Marzo de 1986

Pabellón Rosetto, larga esquina de verano, armadura

de mariposas: Mi madre vino al cielo a visitarme.

Tengo la cabeza vendada. Permanezco en el pecho de

la Luz horas y horas. Soy feliz. Me han sacado del mundo.

Mi madre es la risa, la libertad, el verano.

A veinte cuadras de aquí yace muriéndose.

Aquí besa mi paz, ve a su hijo cambiado, se prepara

-en Tu llanto- para comenzar todo de nuevo.


*

Larga esquina de verano

La boca abierta al viento que se lleva a las

moscas, el tiburón se pudre a veinte metros. El

tiburón se desvanece, flota sobre el último asiento

de la playa del ómnibus que asciende con las ratas

mareadas y con frío y comienza a partirse por la

mitad y a desprenderse del limpiaparabrisas, que en

los ojos del mar era su lluvia.

Me acostumbré a verlas llegar con las nubes para

cambiar mi vida. Me acostumbré a extrañarlas bajo

el cielo: calladas, sin equipaje, con un cepillo de

dientes entre sus manos. Me acostumbré a sus

vientres sin esposo, embarazadas jóvenes que odian

la arena que me cubre.


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