
Antonio Preciado es poeta, licenciado en Política y Economía. Rector universitario y catedrático; embajador extraordinario y plenipotenciario del Ecuador ante la Unesco, en París; ministro de Cultura de la República del Ecuador 2007-2008; actualmente es embajador del Ecuador en Nicaragua. Ha participado en encuentros, festivales y congresos en países de Europa, África, Estados Unidos, Centroamérica, Las Antillas y Sudamérica. Figura en infinidad de antologías y ha publicado, entre otros: Jolgorio (1961), Este hombre y su planeta (1965, primer premio Concurso Nacional de Poesía Ismael Pérez Pazmiño), Más acá de los muertos (1969), Tal como somos (1969), De sol a sol (1979), De ahora en adelante (1993), De boca en boca (2005), además de dos discos compactos con poesía en propia voz.
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Hallazgo
Hoy saqué de la arena
un hueso que me ha pertenecido,
porque tiene una señal de sangre
idéntica a mí mismo,
y el horrible dolor que me he palpado
en este mismo sitio.
Además,
es del mismo metal
que en una uña de mamá he sorprendido.
Pues bien,
me haré una flauta,
compondré una canción a mi asesino,
y la saldré a tocar todas las lunas
a lo largo de todos los caminos.
Tal como somos (1969)
Poema con pájaro rojo
Ya está de nuevo aquí
el pájaro de fuego
que viene por las tardes cuando escribo
y se queda conmigo por poemas enteros,
gorjeo tras gorjeo,
palabra tras palabra.
Yo contemplo en silencio su afable llamarada
cuando con devoción anida entre mis versos
y permanece quieto,
mirándome,
mirándome,
como queriendo ver si también tengo alas.
De boca en boca: Dispersos (2005)
Yo y mi sombra
Por cierto,
si te fueras
me quedaría solo
y no habría en el mundo soledad más completa.
Lo digo porque temo
que llegues a cansarte de ser como yo soy
o que tal vez descubras
que vamos a pasar sobre nuevos abismos
y entonces te dé miedo
de aquí en adelante
seguirme la carrera.
Atrás,
tú bien lo sabes,
queda un largo camino
que has andado conmigo
como mi inseparable compañera,
has leído mis libros,
has bebido mi vino,
has comido en mi mesa;
en fin,
has hecho innumerables cosas mías
como esta de pasarte mis noches
escribiendo poemas.
A veces se me ocurre
que bien pudo gustarte tener alguna otra vida,
por ejemplo, ser blanca,
hacer cosas distintas,
oír música suave
y no andar alelada al son de mis tambores
desde que eras pequeña,
volverte contra mí,
ser anticomunista,
o por tu cuenta ir
cuando yo, en cambio, ya estaba de regreso;
pero no,
si hasta en mis malos ratos
siempre estuvo,
flaca,
comprometida,
al lado de mis culpas,
tu leal inocencia.
Definitivamente,
tú vales mucho más de lo que pesas.
Sombra mía,
sopórtame,
no me falles jamás,
yo soy tu cuerpo.
De ahora en adelante: En primera persona (1993)
Transmutación
¡Qué cosa!,
la boca de Louis Armstrong
casi no es conocida como boca,
sino como trompeta.
De boca en boca (2005)
El poeta y su llama la palabra amor
En verdad solo era
una pequeña llama,
pues el poeta apenas
empezaba a meter su leña al fuego
y el poema, verso a verso,
se iba iluminando.
Fue cuando ellos dijeron
que con las altas lumbres de los astros
ya había suficientes claridades,
que mucha luz, para dormir, perturba
y, con mayor razón,
los destellos escritos,
que hasta suenan
y, por cierto, se escuchan,
no dejan conciliar el sueño a nadie;
que, además,
una pequeña llama como aquella
(esa pequeña llama con entrañas)
en tan pocas palabras ya tendría
todo lo necesario para seguir ardiendo,
volverse inapagable llamarada
y quedarse alumbrando.
Entonces decidieron
que aún estaban a tiempo,
que había que apagarla,
y, con poeta y todo,
en verdad
¡la apagaron!
Jututo: Dispersos (1996)
La palabra Amor
A esta palabra me le hacías falta,
y acabo de ponerte
como connotación alucinante,
como fuego que suena,
y ahí te quedarás,
porque me da la emocionada gana,
pese a cualquier manida intransigencia
atrincherada contra la inquietante
palpitación de llama
que de pronto le impones al rescoldo
de la antigua palabra;
ahí te quedarás,
inapagable
en la idea de ti,
que viene a ser destilación de lumbre,
alquimia,
trasiego apasionado de la palabra al fuego
y del fuego a la palabra,
que se repite y deja
fuego dentro del fuego,
noción de luz concéntrica,
¡brujería!,
vislumbre ensimismado de tu ser en la clave
que he venido hasta hoy desentrañando.
Sin embargo,
ahora es necesario que me tapes la boca,
porque después del rito me apetece
pronunciarte en voz alta,
a ti sola,
ya dueña de toda la palabra,
11sin el menor vestigio de lo que para mí,
antes de tú colmarla,
haya significado;
y entonces al oírte
un ceñudo gramático decida que no existes,
porque no se conoce
esa crepitación de tu eufonía,
ni hay asomo de ti en la frialdad
ininflamable de los diccionarios.
De boca en boca: En pocas palabras (2005)
La palabra Vida
No estoy todo aquí.
(Epitafio de Baldomero Sanín Cano)
Soy suyo
y ella es mía,
a cada instante nos pertenecemos,
yo le infundo mi ser
mientras que, a solas,
la bendita palabra me pronuncia;
más bien me eleva en oración
y en medio
del silencio abismal que solo ella
es capaz de guardarse
entre el bullicio de la muchedumbre,
ella misma se escucha;
y es cuando sé que significo siempre,
que habrán de repetirme
porque cuando la digan dirán todo lo mío,
todo lo que desde antes de existir me repleta,
mi remoto animal,
mis otros,
mis demás,
toda duda plural,
toda pregunta;
todo indicio mayor,
toda respuesta;
todos los cielos,
todas las edades;
todo lo que tan solo
por el nombre y las huellas digitales
en mí mismo no soy,
pero de todos modos a mí suena,
todo el dolor,
todo el amor,
en fin, todo este mundo
que a la palabra vida,
en sus adentros,
aún le quedará de mí cuando me muera.
De boca en boca: En pocas palabras (2005)

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