Niño de Elche nos regala caramelos

por Juan Domingo Aguilar

Niño de Elche nos regala caramelos

¿Quién es el Niño de Elche?

(Risas). Creo que deberíamos empezar mejor por decir quién no es el Niño de Elche. Es una forma más cercana de abordar esta pequeña etiqueta comercial. Muchas veces es difícil diferenciar dónde termina Paco y dónde empieza el Niño de Elche. Esta cosa que nos enseñaba John Cage de dónde está la línea divisoria entre arte y vida, ese interrogante siempre está purulando por mi cabeza. Pero creo que al final es inevitable ambas partes se mezclen.

Afirmas que experimentas, precisamente, porque eres flamenco. Sin embargo te denominas a ti mismo como «exflamenco» ¿Por qué?

En el disco Antología del cante flamenco hetorodoxo, planteamos que el flamenco tradicional, si es que esto existiera, era heterodoxo. Precisamente por ese espíritu híbrido, de extranjería que tiene este género en sí. Ponemos en tensión la palabra heterodoxia con la palabra antología, una forma de construcción que se estableció para intentar conservar y establecer una serie de estilos, con el mandato de marcar dónde empieza y dónde termina una determinada música. En el flamenco se entró en la psicosis de las antologías en los años sesenta, intentado establecer eso que han llamado el árbol genealógico del flamenco, una idea totalmente conservadora, romántica y estúpida.

Qué te lleva a colaborar con artistas como Los Planetas o Pedro G. Romero ¿qué papel cumple este último en tu carrera artística?

Justo este disco del que estábamos hablando, lo hice de la mano de Pedro G. Romero, un artista cuyo discurso se basa en trabajar el archivo, tiene una web y un proyecto conceptual muy desarrollado llamado ARCHIVO F.X., centrado sobre todo en la iconoclastia durante la Guerra Civil y el Franquismo. En el momento en que te acercas al archivo de una forma radical, de raíz, descubres paradojas y cosas que te ayudan a desplazar tu tesis hacia otras opiniones. Mi forma de trabajar es intentar derrocar la primera tesis con la que comienzo un proyecto. Justo ahí entra la forma en la que te relacionas con el archivo. Al fin y al cabo el flamenco parte de un archivo, de un imaginario popular, romántico, tópico etc. El disco me ayudó a desmitificar todo esto del flamenco tradicional, la costumbre dentro del flamenco, el flamenco como un arte de tiempos inmemoriales y a reivindicar el flamenco que conecta con el populacho, con el lumpen. Además, Pedro G. fue el primero que me conectó con el arte contemporáneo. La primera perfomance que hice fue una invitación suya para una exposición del Museo Picasso de Barcelona. La exposición hacía una crítica feroz, dentro del propio museo, a los herederos de Picasso y a cómo se había instrumentalizado su figura en un sentido económico. Gracias a él y otros artistas aprendí cómo encontrar la grieta dentro de la institución para ser crítico con la propia institución. Ahí conocí a Paul B. Preciado que también contribuyó a cambiar mi forma de entender otras prácticas artísticas.

Fuiste director de la última edición del Festival de Flamenco de Madrid ¿te metieron mucha caña los ortodoxos?

No me metieron mucha porque programé flamencos que hoy en día llamamos clásicos, pero que en realidad son flamencos modernos, porque a lo flamencos clásicos actuales les gusta lo establecido a partir de los 70 y 80, no todo lo de principio de siglo XX, que es mucho más áspero, desestructurado y disonante. El flamenco de esos años entronca mucho mejor con las vanguardias de aquella época que con el concepto que hoy en día tienen sus seguidores. A mí me interesan mucho los flamencos que se pueden ver como anacrónicos, fuera de tendencia. Ese anacromismo aporta. Conectan con otras tendencias artísticas. La crítica venía más por «¿cómo un exflamenco está dirigiendo un festival de flamenco?». Pero bueno, yo creo que todos somos exflamencos y el flamenco no existe como tal, todos hemos pasado por una idea de flamenco que nadie mantiene porque a nadie le interesa mantenerlo en formol. Su propia naturaleza no te lo permite.

Aunque no sea el objetivo, de alguna manera estás removiendo conciencias con las letras de canciones como El comunista, Informe para Costa Rica o Caña por Pasodoble para Rafael Romero el Gallina.

No creo que tenga la fuerza para remover una conciencia. Sería muy pretencioso por mi parte. Con que remueva la mía es bastante. Tratar temas sociales no significa ser revolucionario ni pretenderlo. Simplemente escuchar tu contexto y basarte en él. Cuando yo empecé a cantar estaba muy influenciado por la épica de cantautores como Paco Ibañez, el Cabrero, Víctor Jara o Quilapayún, y esta épica te lleva a pensar que tú puedes ser revolucionario o que dentro de esos contextos izquierdistas puedes estar cambiando algo. La realidad es que es tan endogámico que realmente no estás cambiando nada. Al revés, te dejas llevar por una tendencia muy establecida y muy conservadora. Cuando te das cuenta abandonas según que hastags o consignas que ves que no están siendo fructíferas. O sobre todo buscas nuevos espacios para crear pequeñas grietas dentro del imaginario.

Además de grabar discos, montar performances interdisciplinares y otro millón de proyectos relacionados con el arte, tienes tiempo para escribir. Después de haber publicado No comparto los postres y Morbo legítimo con Bandaàparte editores ¿en qué estás ahora?

Estoy escribiendo un pequeño ensayo sobre flamenco basado en frases de Manuel Agujetas, un cantaor que se vende como el primer y último cantaor, el que cumple los cánones lorquianos: gitano, pobre, analfabeto etc. Me baso en frases de entrevistas suyas muy punkies, muy políticamente incorrectas, que me sirven para hablar de temas que me interesan desde el flamenco. Frases como ‘’El flamenco es mentira’’, que eso lo digo yo y la afición se echa las manos a la cabeza. O frases como ‘’Camarón cantaba como un perro’’ o ‘’Antonio Mairena intentó ligar conmigo’’, que me ayudan a hablar de la teoría queer en el flamenco o del arte de la falsificación que supone.

Cuando pude hablar con Ricardo Pachón le hice la misma pregunta que te hago ahora: ¿Qué es para ti el flamenco?

Ricardo Pachón representa todo lo contrario a lo que yo puedo articular. El debate no creo que esté en qué es el flamenco, porque nadie lo sabe, de hecho ese es su gran valor. Soy más de la opinión de hablar de cómo funciona el flamenco. Precisamente por eso propusimos desde Antología del cante flamenco heterodoxo, que el flamenco ya no es la santa trinidad de canto, toque y baile, sino que también es una poesía, una pintura. Es un símbolo, un sonido, no tiene por qué ser un estilo, puede ser una imagen, una foto. Si piensas desde ahí la cosa se abre, no sabemos cuál es su límite pero si cómo funcionan sus agentes. Podemos hablar, en todo caso, de qué supone para ti el flamenco. Ricardo Pachón o quien quiera puede hablar desde la sentimentalidad, ahí no me meto, pero que no intente que su sentimiento sea la Biblia.

¿Cómo surgió la idea de elegir el nombre de Fuerza nueva?

El imaginario fascista y anarquista va de la mano, de hecho el de Falange está inspirado en el anarquista. Al final todo se entrecruza. Es una resignificación de símbolos que se ha hecho mucho, por ejemplo con New Order. Entendimos que era un buen momento para realizar este ejercicio. Y dadas las críticas que hemos recibido, creo que fue acertado. La idea sobre todo partió de Jota, el cantante de Los Planetas. Cuando rascas y te acercas a la historia radical de estos signos, ves la paradoja que les acompaña, como por ejemplo con El Novio de la muerte, que era una canción cabaretera, cercana a un cuplé, una cosa ordinaria, homoerótica, de la cual los legionarios se apropiaron. Pero al fin y al cabo es una canción que tiene un código popular, que entronca más allá de nuestra educación nacional-católica. Traspasa todo eso. Crear un himno es como crear un tema pop o un villancico. Tienes que utilizar una serie de códigos que funcionen, que estén ya dentro del imaginario, si quieres que los canten las masas. ¿Por qué el himno que más conoces es el del Partido Popular? Porque se construyó desde un pensamiento clásico conservador. La idea conservadora de la derecha le sirvió para seguir con esta idea tópica de la tradición. Así funciona la lógica parar componer temas alineantes, como por ejemplo las marchas militares o los pasos de Semana Santa. Ha sido súper interesante y creo que estoy preparado para crear la música de la próxima dictadura (Ríe).


Esta entrevista apareció por primera vez en La novicia, revista de creación, 2020



JUAN DOMINGO AGUILAR (Jaén, 1993). Ha sido director del grupo Viridiana Teatro y coeditor de la revista La Novicia. Sus poemas han sido traducidos al inglés y al árabe y han aparecido en revistas como El Cultural, Círculo de Poesía, Buenos Aires Poetry, Anáfora, La Raíz Invertida, Nayagua y programas como Tres en la carretera, Radio3. Dirige la sección «Versátiles» en Zenda y colabora con medios como Vallejo & Co, Oculta Lit y Revista Indie. Ha sido incluido en antologías como La Grieta (Finalista del V Premio UCOpoética, Bandaàparte Editores) y Caballo del alba: Voces de Granada para Federico (Diputación de Granada). Además ha antologado Algo se ha movido, 25 jóvenes poetas andaluces (Esdrújula Ediciones) y Piel Fina: poesía joven española (Ediciones Maremágnum). Ha publicado La chica de amarillo (Finalista del I Premio de Poesía Esdrújula) y Nosotros, tierra de nadie (XXXIII Premio Andaluz de Poesía Villa de Peligros), 2ª Ed. La Castalia, Venezuela, 2020. En 2019 obtuvo una beca de la Unesco como creador residente en Óbidos (Portugal). Fue residente de la XVIII promoción de la Fundación Antonio Gala.

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