Jordan Mosquera

Jordan Mosquera es estudiante de la Escuela de Literatura en la Universidad de las Artes de Guayaquil. Colabora en varios blogs bajo el seudónimo de Rigoberto S. Lequerica. Sus cuentos forman parte de la antología Tela de araña (2017) surgida a partir del taller junto a Huilo Ruales y en el fanzine Pizpireta (2016).
Mi fuerza proviene de recordar mi infancia en la granja,
de correr y trepar a los árboles. Y las fantásticas historias
que me contaron las doncellas negras.
T. d. A.

La antropofagia y el razonamiento caníbal a partir de la pintura Abaporu (1928) de Tarsila do Amaral
La constitución de uno de los discursos más representativos en la vanguardia latinoamericana, la antropofagia brasileña, se vale de la figura del caníbal como una metáfora para la construcción de la identidad latinoamericana. El movimiento antropófago propondría un modelo transgresor de deglución cultural, pretende un desligamiento de las raíces coloniales y, por otra parte, alimentarse de las influencias de las nuevas vanguardias europeas. Así, lo que conseguirían es un equilibrio que logre entrelazar el espíritu romántico de la identidad nacional y las ideas cosmopolitas de modernidad a través de la alegorización del indio devorador de hombre como espíritu representativo del continente. Úrsula Peres-Verthein habla sobre Brasil y las dimensiones discursivas que están constantemente rigiendo el pensamiento intelectual en el país:
Desde las primeras manifestaciones del modernismo en Brasil, hasta el Movimiento Antropofágico en 1928, se sostienen, preponderantemente, tres dimensiones discursivas que son las responsables de guiar el pensamiento intelectual y la producción artística. Éstas son: el deseo por la inserción en la modernidad, la oposición entre cosmopolitismo y nacionalismo y la euforia, cargada de crítica, de cara a los cambios socioculturales que rápidamente se habían impuesto en ese contexto de debate intelectual.1
La entrada de Brasil en el proceso de modernización, y la expansión de los procesos de urbanización y cosmopolitismo plantean un conflicto directo con el discurso regionalista, fuertemente arraigado en la estética modernista, y que marcarían la importancia de dualidades naturaleza/cultura y naturaleza/máquina sobre la que trabajan los artistas antropófagos. El caníbal, entonces, se convertiría en un ser que habita la identidad de los artistas y que es posible representar a través de la obra de arte. El ejemplo más claro es la pintura en óleo Abaporu (1928) de Tarsila do Amaral. Abaporu es una palabra de origen tupí que hace referencia “al ser que se come a sí mismo”. Amaral representa un ser monstruoso, desproporcionado, con una cabeza pequeña, un brazo muy largo, una pierna agigantada y un brazo muy corto que parece fundirse en su rostro. Abaporu representa el surgimiento de un movimiento intelectual, pero también una extensión de la identidad latinoamericana que hasta aquel momento había permanecido en el imaginario de construcción de una sub-alternidad. El antropófago representado en Abaporu es el indio que devora, no el que rechaza la presencia colonizadora, adapta a su organismo y consume las virtudes para tratar de superar su posición de Otro que ocupa en el imaginario occidental.
Con la llegada de los europeos al Nuevo Mundo, o lo que Todorov define cómo el encuentro de un Yo con el Otro2, surge la figura del caníbal en el imaginario del Occidente. A partir de entonces, el caníbal sería un sinónimo al hablar sobre los nativos americanos. Colón describiría a los indígenas como seres irracionales, carentes de lengua, de religión, que caminan desnudos, para él son animales que forman parte del paisaje. El caníbal surge como resultado de “un malentendido lingüístico, etnográfico y teratológico del discurso colombino. Sin embargo, este malentendido es determinante; provee el significante maestro para la alteridad colonial.”3 El pensamiento de Colón está determinado por la manera en que piensa y asume su superioridad étnica, se desliga de interés por conocer a los americanos, y asume un conjunto de posturas que contribuyen a la creación de un arquetipo que justificaría los procesos de colonización.
En la obra de Amaral la naturaleza toma una gran importancia, una figura central y solitaria está rodeada de otros dos elementos: un cactus y un sol. El cuerpo al aire libre, no forma parte del paisaje, lo natural y el hombre se convierten en uno solo. Emplea un sentimiento de ingenuidad, de arte naif, que ofrece una visión que para el espectador puede ser considerada mucho más sincera y real. Este cuerpo se funde, a pesar de los contornos bien marcado, en un ambiente de serenidad y de verdadera libertad. Una carencia de perspectiva en la representación y colores vivos que no pretenden ostentar, por lo contrario, funcionan a través del equilibrio en la escena. Es un caníbal en su habitad natural, que se contribuye a la creación de un mito moderno de la identidad nacional, devorar todo lo que no es mío, digerirlo para apropiarlo.
En la publicación del Manifiesto Antropófago (1928) Oswald do Andrade expresa: “Fue porque nunca tuvimos gramáticas, ni colecciones de viejos vegetales. Y nunca supimos lo que era urbano, suburbano, fronterizo y continental. Perezosos en el mapamundi del Brasil.”4 Andrade intenta crear una identidad que enmarque los procesos de inmigración de poblaciones europeas a ciudades brasileñas, además de la fuerte presencia de descendientes indígenas, así, esta clasificación enmarcaría una identificación supranacional, que esté más allá de estándares raciales o del dalecto de una región. Además, enunciará: “Sólo me interesa lo que no es mío. Ley del hombre. Ley del antropófago”5. Andrade plantea como principio fundamental, el interés por las vanguardias europeas, buscando y estudiando características que podrán servir para digerir un producto que represente la identidad del nuevo sujeto brasileño. Un sujeto que se vale de la relación semántica entre caníbal y el americano, creada por relatos donde la presencia de indios que devoran carne humana se convierte en un constante. No es el buen salvaje de Colón, es el salvaje-animal que atenta contra las lógicas de una sociedad estructurada en donde el único actor es el pensamiento occidental del hombre blanco religioso europeo:
[…]Se convierten en indios bravos y su localización coincide con la del buscado oro; los caníbales son definidos también porque pueden ser hechos esclavos o porque moran en ciertas islas. El canibalismo llega a ser producto de una lectura tautológica del cuerpo salvaje: los caníbales son feos y los feos, caníbales.6
La imagen del caníbal se convierte, entonces y sin importar el plano social que ocupe, en una forma de conocer y construir al Otro. Uno o varios Otros que existen para diferenciar lo que es el Yo; o lo que Lacan plantea como el estadio del espejo. En su texto El estadio del espejo como formador de la función del yo tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica7, Lacan presenta la construcción de un moi, es decir,el definirnos como sujetos completos a partir de la participación de un agente externo cuya función sea decirnos que aquellas manos, que ese color de piel, que ese rostro es lo que conforma en conjunto el Yo, el moi, lo que soy. Abaporu es la imagen del caníbal que habla de lo que es el Otro y la ironía de comer o ser comido. El sujeto amorfo en la pintura de Tarsila no simplemente se devora a sí mismo, parece no tener un principio y un fin, es un ciclo infinito de autofagia. El cuerpo en Abaporu es una representación abstracta del ser americano frente a los ojos europeos, la construcción de un mal como algo deforme, monstruoso y salvaje. El hombre considera bello todo lo que es igual a él, entiende como feo lo que no forma parte de su imaginario porque no tiene su olor, su color e incluso sus mismas formas corporales. “Esto provoca una forma de reacción idéntica, el juicio de valor “feo” […] No hay duda: odia la decadencia de su tipo”8. Abyecta por completo a la antropofagia, pero al mismo tiempo necesita de estos seres que funcionen fuera de una norma establecida para saber que no hacer o que grupo no debe pertenecer.
La obra de Tarsila funciona como fundadora de un movimiento, en gran medida, debido a que logra entrelazar los principales enunciados del movimiento antropófago, emplea las vanguardias europeas, en este casi hay una presencia del surrealismo, y la existencia de una fuerte carga simbólica de representación de la identidad latinoamericana brasileña. La figura desolada, rodeada de un paisaje tropical, es una forma en la que la autora logra apropiarse de las formas de discurso subversivas surrealistas. El surrealismo planteaba un enfoque en el inconsciente, en lo irreal de los sueños a partir de la metáfora visual; y es a partir del trabajo de la metáfora como la obra de Amaral representa ideales de vanguardia. El antropófago se deforma, sus medifundas no corresponden a las medidas del ser humano real, pero porque él mismo representa una anomalía que ha funcionado para construir los estigmas del bárbaro y de lo exótico de los habitantes del Nuevo Mundo. Esta figura amorfa presenta deformaciones en sus extremidades, el brazo y la pierna como miembros gigantescos que lo mantienen fijo en la tierra. Es darle prioridad a el instinto, a la fuerza, a lo físico por sobre la conciencia y el conocimiento, nótese que la cabeza de este ser es mucho más pequeña, casi diminuta, en comparación con el resto del dibujo. La figura del caníbal es un ser que está fuera de cierto sistema, porque no corresponde al edificio de expectativa social de los grupos civilizados, está fuera de toda forma, no se reconoce como real y por lo tanto hay que eliminarlo o dominarlo. El caníbal amorfo e irreal que imaginamos, y que representa Tarsila do Amaral es una representación utópica de lo que concebimos como el caníbal peligroso y negativo que presupone el encuentro de ser humano frente a una naturaleza animal que estamos constantemente tratando de negar y suprimir.
La figura del caníbal se ha convertido en una imagen constante de la condición negativa de sub-alternidad de la identidad latinoamericana. Colón contribuye a la creación de una imagen de un salvaje que funciona a partir de sus necesidades personales, la idea del buen salvaje y posteriormente la idea del caníbal se convierten en parte del imaginario del Occidente y ubican a ciertos individuos en un lugar social de inferioridad desde la mirada del Yo. Pero no sería hasta 1928 que el indio-caníbal sería rescatado como un elemento poscolonial y se incorporaría a los discursos sobre la identidad, tal es el caso de la antropofagia brasileña. La obra, quizás más representativa, que funciona como elemento fundador ha sido Abaporu porque entrelaza elementos como el trabajo con las vanguardias y la presencia de un discurso que se enfoca en la influencia de las culturas indígenas. Esta es una obra cuyo mayor trabajo se enfoca en una visión, posiblemente irónica, de aquel canibalismo que contribuyó a la construcción de un ser salvaje, natural y monstruoso. Emplea el razonamiento caníbal a través del cuerpo expuesto en la obra, se trata de comer y diferir lo que consideremos ajeno, como si de vitaminas se tratara, para construir un producto, un juego de representación cercano a los procesos de expansión y de modernización de las sociedades durante la primera mitad del siglo XX.

Bibliografía
De Andrade, Oswald. «Manifiesto Antropófago.» Revista de Antropofagia I, nº 1 (1928): 1-4.
De Montaigne, Michel. «Ensayos de Montaigne seguidos de todas sus cartas conocidas hasta el día». Bibllioteca Virtual Miguel de Cervantes. 2003. http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/ensayos-de-montaigne–0/html/fefb17e2-82b1-11df-acc7-002185ce6064_82.html#I_0_ (último acceso: 25 de Febrero de 2017).
Doorsry, Yasmín. Surrealistas antes del surrealismo: la fantasía y lo fantástico en la estampa, el dibujo y la fotografía. Madrid: La fábrica, 2003.
Dubin, Mariano. El indio, la antropofagía y el Manifiesto Antropófago de Oswald de Andrade. La Plata: Universidad Nacional de la Plata, s.f.
Juáregui, Carlos A. Canibalia: canibalismo, calibanismo, antropofagia cultural y consumo en América latina. Madrid: Vervuert, 2008.
Lacan, Jaques. «El estadio del espejo como formador de la función del yo tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica. En Lacan, Jaques. Escritos I. México: Siglo XXI, 2009. 99-105.
Navarro, José Antonio, ed. La Nueva Carne una estética perversa del cuerpo. Madrid: Valdemar, 2002.
Peres-Verthein, Ursula. «Ni particular, ni universal: Antropófago. El Movimiento Antropofágico en Brasil.» Estudios del hombre, nº 33 (|2015): 173-186.
Todorov, Tzvetan. La conquista de América: El problema del otro. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores: 1998.
Umberto Eco. La historia de la fealdad. Barcelona: Random House Mondadori, 2007.
Anexos
1 Ursula Peres-Verthein, «Ni particular, ni universal: Antropófago. El Movimiento Antropofágico en Brasil», Estudios del hombre, nº 33 (|2015): 173.
2Tzvetan Todorov, La conquista de América: El problema del otro (Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores: 1998).
3 Carlos A Juáregui, Canibalia: canibalismo, calibanismo, antropofagia cultural y consumo en América latina (Madrid: Vervuert, 2008), 14.
4Oswald de Andrade, «Manifiesto Antropófago», Revista de Antropofagia I, nº 1 (1928): 4.
5 Andrade, «Manifiesto Antropófago», 1.
6 Juáregui, Canibalia: canibalismo, calibanismo…,14.
7 Jacques Lacan, “El estadio del esejo como formador de la función del yo (je) tal como se nos revela en la experiencia sicoanalitica, En Escritos 1 (Mexico: Siglo XXI, 2009)
8 Umberto Eco, La historia de la fealdad ( Barcelona: Random House Mondadori, 2007), 15.
