
Nilton Santiago es licenciado en Derecho y Ciencias Políticas. Ha publicado los libros de poesía El libro de los espejos (segundo Premio Nacional de Poesía Copé 2003; Lima, 2005), La oscuridad de los gatos era nuestra oscuridad (II Premio Internacional de la Fundación Centro de Poesía José Hierro), El equipaje del ángel (XXVII Premio TIFLOS de Poesía; Madrid, Visor, 2014), finalista del Premio Adonáis de Poesía 2014, y Las musas se han ido de copas (XV Premio Casa de América; Madrid, Visor, 2015), 24 horas en la vida de una libélula (antología bilingüe español-búlgaro, 2017). En narrativa, ha publicado el e-book Para retrasar los relojes de arena (Vallejo & Co., 2015).
CONTRA EL MATRIMONIO, OTRA ELEGÍA
pero qué inútil / tanta luz / entre dos
Jorge Eduardo Eielson
Como si la mesa del comedor fuese una gran ciudad y nosotros,
torpes y tiernos animales en las oficinas de correos,
que cada día ven pasar los mensajes de otros,
los corazones de otros en papel de embalar,
y entonces llorásemos girasoles por la mañana y girasoles por la tarde
y empezara a llover –a cántaros– girasoles
y tú, de pronto, sacas el mantel de un tirón,
muy cabreada,
y los platos y los tenedores, como pesados edificios de metal,
intactos sobre la mesa
y la copa de vino llena de huellas dactilares, sin haberla tocado nunca,
(como un espejo al que pudieses pasar sus páginas de vidrio
y ver en lo que nos convertiremos si seguimos con esto)
y entonces, miras hacia otra parte y enciendes el televisor
porque aún es pronto para volver al trabajo
(nos enteramos, entonces, que han matado extrajudicialmente a un dictador árabe
en ¿defensa de los derechos civiles? y, claro, de la reacción “positiva”
de los mercados).
Luego sales de casa dando un gran portazo.
Te has dejado el paraguas pero no vuelves
y yo tampoco quiero salir detrás de ti
pero lo hago, dejándome el corazón entre los platos por fregar.
Ah, cariño, antes de marcharte, bajo la puerta, vi un destello azul
quizá sea la luz que juega con nosotros
cuando discutimos por la lentitud de los pájaros
y puede que sea por esa misma luz que tengamos que hacer este,
nuestro último viaje.
Sé que has empacado nuestras heridas y mis huesos como espinas de pescado
y mi soledad en un kleenex.
¿Cuándo fue que perdimos la batalla que nos convirtió
en estas cenizas enamoradas,
en esos espejos rotos donde aún podemos vernos juntos aunque
estemos totalmente solos?
Ahora lo entiendo:
hablando con ángeles es que te enteras que no existen.
La oscuridad de los gatos era nuestra oscuridad , 2012
BREVE HISTORIA DE LAS LÁGRIMAS DE KAFKA
Acabo de leer en el periódico que las obras completas de los traficantes de metáforas pueden encontrarse fácilmente en una farmacia de turno.
Allí, al amanecer, un tulipán en tirantes abre la ventana de la noche y engrasa las estrellas con lágrimas de vainilla. Probablemente la prensa de mañana recoja que un hombre con doble personalidad acaba de confesar un crimen de “su otro yo” o que las monedas de tu corazón ya no son de curso legal entre mis sábanas. Una sola de tus miradas de alta bisutería es suficiente para abrir la cerradura de las mañanas y tampoco es que hagan falta inspectores de hacienda para saber que pago muchos impuestos por
soñarte.
Bajo estas circunstancias, es decir de una serena melancolía, se me ocurre pensar que el número cero lleva la cabeza rapada y es tan inocuo como una fuga de gas grisú.
Creo que ya se ha dicho muchas veces que media docena de sueños no son suficientes para pagar la hipoteca de un chalet en la Luna, no obstante más allá de tu corazón el amanecer le echa un vistazo a mi corazón, así que da lo mismo. Acabo de leer el testamento de un topo nariz de estrella y parece el manual de instrucciones de cómo hablarte al oído sin que mi vida corra peligro. Es cierto, nada tiene que ver este último comentario con este poema con los tobillos escayolados, pero tengo que decirte que mi biografía es tan gris como la de un portero cuyo equipo acaba de ser goleado por un grupejo de chimpancés amaestrados. También debo confesarte que me pones a cien cuando te veo doblar las piernas mientras usas alguna de mis camisas y los números huyen de los relojes para habitar las partituras de tus labios. Me cuesta hallar jueces que no pierdan el juicio, recoger la lluvia de mi corazón cuando amanece, me cuesta horrores hacerme el café sin pensar que al otro lado del mundo estás tú. Y eso es la habitación de al lado. Lamentablemente este poema no tiene una mesa reservada para ti esta noche y –sí– las maletas de mano de estas sílabas descalzas están llenas de las lágrimas de Kafka.
El equipaje del ángel , 2014
SOBRE EL FALSO ETIQUETADO DE MERLUZA PROCEDENTE DE ÁFRICA 10
(QUE SE VENDE COMO EUROPEA O AMERICANA)
Ahora lo sabes,
también los peces tienen que pasar las fronteras,
llorar todas sus afonías,
pedirle impuestos a la luna llena que cada noche se disuelve en sus lágrimas
cuando se ha roto “la cadena de frío” en sus maltrechos corazones marinos.
Pero así es la soledad en el agua cuando se sabe de antemano
que compartirás el envase (con otro solitario) en algún frigorífico,
así son los falsos pasaportes
para los que no saben llorar bajo el agua
y terminan en los supermercados con la carne limpia y sin escamas,
lista para meter al horno.
Las musas se han ido de copas , 2015
