Poemas de Claudette Betancourt Cruz

Claudette Betancourt Cruz es filóloga. Cultiva la poesía, la narrativa y el ensayo. Ha sido mencionada y antologada en Vuelos de Colibrí y ¡Adelante, Compay Grillo! Ha participado en diferentes festivales y ha sido galardonada con diversos premios. Colabora con la revista literaria La letra del escriba ejerciendo la crítica literaria y el periodismo. Coordinadora y anfitriona de la Peña literaria La Siempreviva, dedicada al debate y promoción de la literatura. Pertenece a la Asociación Hermanos Saíz (AHS) (Organización que nuclea a la joven vanguardia del arte y la literatura en Cuba) por la sección de literatura.

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La plácida timidez de los corderos


Es total apariencia
No es plácida
Y no es timidez
Adentro del pecho del cordero
Hay un retumbar de tambores infinitos
Una angustia caldeada a la intemperie
Y varios filos
Que desenvaina con su lengua
Varios filos que cortarían la piedra
Lamentablemente todo esto
Aún
No lo invalida como cordero.


Transporte público


Todo mezclado Guillén,
Todo mezclado,
yo, filóloga,
aquel médico,
aquel borracho,
el pajizo de más allá,
el marginal de la esquina,
todos, nos damos las manos en corro,
compartimos sudores, algazaras, fluidos,
olores,
que delicia Guillén, todo mezclado,
blancos y negros,
tengo lo que tenía que tener
estudio, trabajo, fusil,
aquel joven con acné me saca la lengua,
el negro de más allá tiene sables en los ojos
el otro negro me desabrocha la ropa
con los ojos
y me pasa la lengua con los ojos,
y me viola
con los ojos
y me preña
con los ojos
me retuercen, me exprimen, me asfixian,
nos asfixiamos,
nos morimos,
resucitamos,
nos cansamos,
nos cansamos,
me recontrarozan las nalgas,
manos mías en senos,
nalgas,
pingas
brazos, pelos,
de todas las partes del cuerpo,
manos de todos en mi
órgano sexual, qué fino,
en mi
cara
codos
en mi
cabeza
ojo,
peste a grajo,
báñate en el malecón,
le dicen,
pero seguimos mezclados
en este microcosmos
de diaria obligatoriedad.
Llega la parada, la mía
permiso, que me bajo, gritos, empellones,
me halan, halo, muerdo,
me desgarran, me despeinan, salgo
ahora, a trabajar, llena de fuerzas.
Comienza el día.


TENGO CARNET DE IDENTIDAD, luego existo
Pero si yo me veo, aunque no lo tuviera,
aquí están mis manos,
mis ojos
el viento me golpea la cara,
me despeina
yo me toco, y sí, estoy.
Tengo libreta de abastecimiento, luego como,
¿Es cierto?
Y luego, si no tengo,
¿Será que mi boca desaparece sin dejar rastro?,
¿Se esfuma, muerde la invisibilidad?
Será que sin ese documento, de mi cara desaparece la boca,
será.
Tengo historia clínica en el hospital, luego me curas, me inyectas,
me masajeas,
y si no, será que mis tumores desaparecen,
se ocultan, mueren, y soy ya una persona sana,
pero no,
si yo me toco y me duele.
Tengo pasaporte, luego viajo,
Y si no,
y aquel pedazo de tierra que creó Dios también para mí,
claro, ese pedazo de tierra, igual que yo,
tiene nombre, luego existe,
pertenece a alguien, luego existe,
aunque él mismo se toque, antes de que nadie le reconozca
y se note vivo,
y le corran los ríos por el cuerpo,
y los sembrados le germinen,
y la lluvia,
despreocupada,
organice el cieno
sobre ese pedazo de tierra,
que en el mapa tiene,
algún nombre,
algún dueño.



Categorías científicas


Me tienen hasta el orto
con las categorías científicas
y esas mierdas
por 80 pesos
mejor me voy
para Quinta Avenida
ahí donde se paran las putas de lujo
a hacer señas
y les digo
soy filóloga
y me dicen
a mí qué pinga me importa
y les digo lupus, stultos
que con pecunia no se compra todo
pero ellos no son mis amicus
e igual me bajan la cabeza para su entrepierna,
allá en mi pared
el manchón del título de oro
me dice
aguanta un poco más alba puella
otra señita
y te compras la tan ansiada casa.


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